martes, 20 de abril de 2010

Extraña vida, calles vacias...


Varias cosas han llamado mi atención ultimamente, gente que va, gente que viene y gente que te toca de una u otra forma aunque la tengas lejos, muy lejos.

Me habían robado con anterioridad pero ¡coño! nunca habían tenido el descaro de hacerlo delante de mis narices, o al menos de intentarlo y encima camuflarlo de favor personal -No, no te preocupes si estábamos mirando porque habíamos visto algo extraño- Cuando la vida te regala algo así a las cinco de la mañana miras a lo largo de las calles vacías de ruido, calles que de mala manera has aprendido a tolerar y que de pronto te devuelven todo el rechazo que sientes hacia ellas en forma de bofetón levanta radiocassetes. Miras tu coche, a punto de haber sido mancillado y vuelves tus ojos hacia esas calles nuevamente, calles que te declaran la guerra con su pasividad y su ensordecedor silencio.

Los días no son solo periodos de 24 horas, soy experiencias que marcan tu vida de una u otra forma, un dia eres lo que tu entiendes como féliz, al siguiente el día te hace replantearte los corolarios de tu mentalidad. Todos los que me conocen en mayor o menor medida saben que siempre he sido una persona "ordenada". Nunca he tenido un cariño especial a determinadas personas que por una u otra causa se han ganado si no mi aversión al menos mi indiferencia. Pero insisto, de pronto un día te encuentras a esas personas en una situación que creías que jamás verías en un lugar "civilizado" (hay que joderse cuanta ironía envuelta en comillas estoy usando hoy) y lo que hasta entonces era carne de videojuego pasa de manera fugaz primero por una retina luego por la otra hasta llegar a tu cabeza y martillearla de manera que hace temblar toda la estructura que hay allí dentro. Sigo manteniendo mi actitud "ordenada" pero, ¿hasta qué punto son necesarias ciertas cosas?

Yo no soy psicólogo ni psiquiatra así que no se como definir lo que últimamente pasa por mi cabeza, puede que sea una crísis, ahora que está tan de moda, no se si crísis de identidad, crísis de valores o crísis en mi autoconfianza. Pierdo la fé en mi mismo y a duras penas mis amigos (que los tengo gracias a dios) pueden levantarmela. Tengo un tema pendiente con un hijo de puta alado que de vez en cuando se dedica a remover mi estado de bienestar a base de aguijonearme la cabeza con cantos de sirena, que no me llevan más que a los escarpados bajíos, que no hacen más que agujerearme mi ya decrépito cascarón.

¿Dónde coño está mi faro?

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